Es interesante que los escritos anteriores que hablan de la imagen -de alguna manera- escapen al ejercicio intelectual que se constituye en la exigencia del concepto; en realidad, creo que se presentan como insistencias, exigencias y hasta denuncias corpóreas en una visibilidad tangible -y al mismo tiempo- se abandonan para dar paso a otros modos de expresión, más confusos e impenetrables. Lugares desligados y distendidos del tener lugar, zonas que hacen de su acceso algo impenetrable –intratable- una evidencia para la cual no hay visión posible. Fracasamos doblemente: fracaso al hablar del cuerpo, fracaso al silenciarlo [1] ; el cuerpo es demasiado opaco para entrar en el juego de las definiciones tributarias. Pero también, hay otros fracasos, más perversos y luminosos que se asoman en estos tiempos sucesivos, yuxtapuestos, del tipo ultrainformativo, tiempos de verdades negociadas programaticamente. La voluntad de ver con los poderes del ojo siempre es una exigencia que busca la...